lunes, 23 de abril de 2012

Uno con muchos cambios de escenario

Ahora iniciamos en una tienda de baby shower en la cual mi mamá, mi Tia Coty, Cristy, Yolomy y yo surtimos un enorme pedido de una lista de regalos. Diana trabajaba allí y era la única cajera en turno. Mientras nos despachaba hablaba hasta por los codos dándonos miles de consejos, mitad por política del negocio y mitad porque le pareció que en verdad los necesitábamos. Cosas como "compren otra bolsita de nylon porque no les va a caber todo en esta y como están bonitas ya no necesitarían envoltura para regalo. Les regalaría otra, pero no puedo, va contra la ley del medio ambiente. La tendrían que comprar". Mi Tia dijo que todo era culpa de una caja flaca y larga que mi mamá eligió y que a ella claramente le parecía que no necesitábamos. Yo me paré del otro lado de la registradora y cuando vi cómo se pasaban los códigos, quise pasar el de mi regalo, así que lo alineé detrás del que Diana pasaba en ese momento. En cuanto quitó ese empaque vi las líneas rojas del lector láser y enseguida oí dos pitidos uno tras otro que decían que había pasado doble. Me asomé a la pantalla y vi mis sospechas confirmadas. Agité la caja frente a la cara de mi prima y le reporté el problema. Creo que hizo algo al respecto, pero ya no lo sé con certeza. Cuando me di media vuelta estaba en otro lugar y otra situación.
Ahora estaba en el vestíbulo de mi cuarto en Puebloquieto a punto de ponerme el uniforme de la escuela. Temblaba de miedo y estaba de muy mal humor porque me habían despertado a las seis de la mañana, hacía frío y tenía hambre. Mi sobrino Isaac estaba abajo en la sala de piano, sentado en uno de esos sillones destartalados imitación cuero que trajeron con la mudanza de mi Tio Polito, jugando Nintendo DS. Me preguntó por qué rezongaba tanto. Yo le contesté "hace años que no voy a mi escuela. No quiero que me vean porque todos me van a reclamar que no estoy titulada". Y él me respondió "pues ya titúlate". Sí, claro, se dice fácil.
De nuevo el escenario cambió y estábamos mis papás y yo en un estacionamiento abovedado. Yo iba caminando por un pasillo cuesta arriba hacia el exterior soleado. Mi mamá caminaba a mi derecha y súbitamente me señaló hacia la izquierda. "Mira eso, es por donde pasas camino al dentista, no?" Al ver hacia arriba y a la izquierda vi que sobre la bóveda metálica del estacionamiento hay un puente peatonal al lado del cual se asoma el borde de uno de esos banners publicitarios que funcionan con aire y parecen hacer reverencias. Era rojo y azul rey con flecos en los extremos. Entonces oí a mi papá gritarme "cuidado" y yo salté y miré alrededor. Solo fue una alarma sin sentido, porque al dejar de ver el camino yo había derivado hacia la izquierda justo enfrente de un Mercedes plateado estacionado y sin conductor que yo ya había visto y catalogado de inofensivo. Mi papá me soltó un discursito sobre como me podían atropellar si andaba entre coches sin fijarme. Yo contesté que ya me había fijado pero igual me chocaba que pusieran cosas a los lados que me distrajeran como stands publicitarios, casillas electorales o puestos de vacunación. Además del riesgo de atropellamiento estaba el de tropezar con los tubos que sobresalían del suelo entre un carril y otro. Entonces pasamos junto a una vitrina y vi dos cosas: primera, que estábamos en un estacionamiento de WalMart y segunda, que aun traía puesto el uniforme de la escuela.
Sin previo aviso cambió el escenario y estábamos en el recibidor de la casa de mi tío Guty en Morelia. Bajo las escaleras, justo enfrente de la entrada había una tele y videojuegos. Yo no me acuerdo que jugábamos, pero perdí y al voltear hacia el comedor vi a Ben Affleck sentado en el susodicho sillón de dizque-cuero raído (a esos sillones les urge que los retapicen) con una cerveza en la mano y me sonrió, diciendo "espero que no quieras otra clase de premio de consolación" y lanzó una mirada significativa hacia la puerta del baño, donde estaba parada su mujer, Jennifer, con una mirada dulcísima. Yo contesté que no, la vi sentarse en sus piernas y se empezaron a besar. Un poco asqueada y muy celosa, pasé el control a Saray y huí a la sala para no ver. Mientras mi prima jugaba mucho mejor que yo, en la mesa de la sala me encontré una figurita de acción multiarticulada de Gokú, torcida en una posición muy extraña. Decidí ponerla en una pose mas natural e imponente. Era un hombrecito muy musculoso, y vi que sus dos brazos podían convertirse en cuatro. Finalmente lo acomodé en la pose de Superman y Saray se sentó a mi derecha después de perder y ceder el control a Ben Affleck. Le enseñé mi hazaña y tarareamos juntas el tema de Indiana Jones, porque no pude acordarme del de Superman.
Finalmente cambiamos a una bonita playa llena de gente y botes pesqueros. El agua fría me mojaba los pies y hacía mucho viento. Estábamos en Manzanillo. Tras de mí pasó un guardia costero avisando que en diez minutos cambiábamos de playa. Mi hermano, que estaba parado a mi lado derecho vio una pequeña mancha negra que se movía en el agua a unos veinte metros de nosotros y quiso saber qué era, entonces corrió hacia ella y se echó a nadar. Yo no tenía que moverme para saber que había un banco de peces enormes tan cerca de la orilla que las olas los obligaban a encallar. Más de una vez tuve que esquivar uno que venía directamente hacia mis piernas. En cambio Saray no se vio tan hábil. Venían dos peces negros especialmente grandes y yo me alejaba del triste espectáculo de una mojarra boqueando en la arena, pero antes de volver a mirar hacia allí oí el grito de mi prima. Corrí a un puesto de cocos cercano donde estaban mis papás para avisarles "Saray tiene el pie atorado en la boca de un pez". En eso por detrás de mamá vi a un tipo demasiado musculoso y liso como recién aceitado, pero al pasar él por mi lado noté que olía mucho a pescado. Creí que era el encargado de lidiar con mordidas de pez, pero corrió por donde estaba Saray sin siquiera verla y continuó hacia la casa. Yo decidí ayudarla yo misma, pero cuando llegué al fin con ella, ya había logrado sacarse la grotesca y apestosa imitación de calcetín y se puso una liga en el lugar que tenía marcados los dientes justo abajo de la rodilla. Entonces oímos la voz del cambio de playa y corrimos al hotel. Yo recordaba que la primera habitación del pasillo estaba llena de niños, en la segunda estaban Pancho, Dany y mi hermano y de la tercera había salido la playa en la que estábamos. Sin embargo ahora la playa salía de la tercera puerta (sin duda Copacabana) y yo me pregunté donde habrían quedado las cosas de los chavos. Quise abrir la segunda puerta, pero estaba asegurada. Traté con la cuarta, que cedió sin resistencia y allí estaba todo: varios trajes de baño llenos de arena y las chanclas sobre la cama. Me sentí observada y noté que detrás de mi estaba Pancho con esa actitud fría que trae últimamente, como si estuviera enojado conmigo. Me preguntó "¿Qué se te ofrece?" y le contesté "necesito bloqueador, ¿tienes?". Volvió a replicar "¿tú tienes?" y me exasperé "no, por eso te pido". Me dijo "estás enojada contigo" y a mi me pareció una respuesta de lo mas extraña. "¿No querrás decir que estoy enojada contigo o que estás enojado conmigo?" pero el insistió en que estaba enojada conmigo por haberlo olvidado. Yo le jalé los cordones del traje de baño "ya deja de analizarme. ¿Me prestas bloqueador o no?" y me contestó "tu no traes, entonces no te puedo prestar" me di cuenta de que su verdadera preocupación era que no alcanzara para mañana. "¿Y si compro y mañana yo te doy?", "entonces está bien". Tomé el tubo de bloqueador y corrí a mi cuarto del otro lado del pasillo. Allí estaba mi primo Toño dormido en una de las dos camas king size en bola con otros cuatro muchachos costeños muy guapos que veían la tele. También estaba Yolomy con un traje de baño blanco aperlado que le quedaba tan enorme que le jalé la parte de abajo y pude meter mis piernas en los hoyos de las piernas y ella seguía con el traje puesto. Detrás de ella había una percha toda llena de trajes de baño. Entonces noté que yo traía puesta mi piyama de gatito. Yolomy se metió al baño y salió poco después con un traje fucsia con un moño que sí le quedaba bien. Mientras tanto yo me desnudé excepto por el top y me empece a untar bloqueador. Esperaba que el revoltijo de cobijas me cubriera de la vista de los muchachos. Luego llegó mi mamá y quiso guardar mi piyama, pero yo no deje que me la quitara. Le dije "aquí a plena vista no, si quieres entro al baño y me pruebo lo que quieras" en ese momento mi papá iba asomando la cabeza al cuarto y negó con un resoplido "ahí tienes tu respuesta", dijo mamá. Entonces me di cuenta de ir los trajes de baño estaban en venta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario