miércoles, 11 de abril de 2012

París y la destrucción de los aviones

Éste fué el sueño que dio origen a la idea del blog. Primero lo publiqué en una nota en Facebook, pero luego me di cuenta de que no quería que todos mis amigos se enteraran de mi diario de sueños. Así nació SIGUE SOÑANDO. 
Soñé que iba a París por primera vez, pero solo con mis papás, sin mi hermano. Ellos estaban peleados y no se hablaban. Mi mamá sufría una regresión y me quería tener en brazos todo el tiempo. 
Elplan era que el viaje duraría solo 5 días, y aún así desperdiciamos todo el primero encerrados en el hotel. Se trataba de un hotel de lujo pero viejísimo, construido al estilo Art Deco, todo dorado y negro por dentro. 
Ese día me di cuenta de que todos habían sido muy felices allí excepto yo y dos niños llamados Eustace, de siete años (como sacado de La travesía del Viajero del Alba) que había vivido en el hotel toda su vida sin salir nunca a la calle y Lucía de diez años (me refiero a Lucía IHA, a la que no conocí cuando tenía diez, pero juraría que era exactamente así) cuyos padres estaban en trámites de divorcio, peleando siempre y me identifiqué mucho con ella. A pesar de haber averiguado todo esto, yo sentí que habíamos desperdiciado el día. ¡Con todo lo que hay que ver en París! 
Cuando entré a la habitación en la noche, todo estaba lleno de humo de incienso, del que mamá puso como diez varitas de olores diferentes al mismo tiempo. Era demasiado humo para mi gusto. Papá veía la tele desde la cama. Yo fui a la ventana y vi la Torre Eiffel tan cerca que pude leer la fecha inscrita a sus pies. 
No se como llegamos allí, pero de pronto los tres estábamos en un embarcadero al pie de la torre del que se veía que un barco acababa de zarpar esa misma tarde. Nos quedamos viendo el agua negra del río fundirse con el cielo púrpura, con las luces de la ciudad a nuestras espaldas.  Súbitamente, zumbando muy cerca de nosotros, pasó un avión de Mexicana que fue a estrellarse en el agua del horizonte cercano con un sonoro crujido de choque. Entonces me di cuenta de lo que hacían: estaban destruyendo los aviones. Yo dije "Esto no puede pasar" y papá me contestó "Lo que no puede pasar es que los encuentren". Y así, uno a uno, vimos ser catapultados y hundidos nueve aviones que para mí parecían enormes. 
Llorando desesperada, me lancé al agua desde el embarcadero. Mamá me siguió, llorando también, hasta que me abrazó y las dos nos hundimos suavemente mientras llorábamos de impotencia. Cuando salimos a la superficie papá ya estaba allí también, flotando con los brazos tendidos hacia el lugar donde se hundieron los aviones. 
Yo razoné "Por lo menos nosotros ya vimos lo que paso y no podrán engañarnos, el problema ahora será decírselo al mundo y que nos crean". Entonces llegó un fotógrafo y un reportero a hacernos señas al pie de la torre. Mientras salíamos empapados de agua maloliente y aceite de barco, los escuché planeando entusiasmados lo que escribirían sobre nosotros en el periódico, y entonces supe que ésa sería nuestra oportunidad de ganarle la batalla al sistema.

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