Aquí describo algunos sueños del pasado que me han dejado sin aliento. Es cierto que soy la clase de persona que tiene el sueño recurrente de ir flotando mágicamente en el aire a gran altura para después perder la concentración y caer, pero no es exactamente eso a lo que me refiero. Hay sueños de los que despierto mental y físicamente estresada. En varios de ellos tuve que manejar, como si no me cansara ya bastante manejar de día, lo hago también mientras duermo. Mis pesadillas al volante muchas veces involucran lidiar con un vehículo lejos del asiento del conductor. Por ejemplo, una vez tuve que manejar desde el asiento del copiloto cuando el conductor (mi mamá) se desmayó. Íbamos muy rápido y no podía frenar con los pies de mi mamá en los pedales. Luego nos comenzó a seguir una patrulla y yo, tras ganar la batalla contra el acelerador, las vueltas de la calle, el cinturón de seguridad y el peso muerto de mi mamá tendida sobre el volante, pude ponerme en el asiento del conductor y recomponerme antes de tenerme que enfrentar con un policía de tránsito por la nimia infracción de haberme pasado solo un alto. 'De verdad, oficial, es que no lo vi, tengo mil cosas en la cabeza, y el calor, usted sabe, no ayuda en estos casos. Sí, voy a andar con más precaución, no vuelve a pasar'. En otro de esos sueños memorables iba en carretera tarde para una función en Cuernavaca. Ajustaba el coche a una velocidad y dirección y después me pasaba al asiento trasero para irme vistiendo y maquillando hasta que se acercaba la siguiente curva y yo solo ajustaba un poco la dirección desde atrás para seguir con lo mío, siempre con la adrenalina a tope de que pudiera pasar algo que yo no hubiese anticipado. Los menos misericordiosos de mis sueños al volante incluyen a mí atropellando a algún peatón inocente y distraído por andar mirando a otro lado al manejar. A veces llegan incluso a la cárcel. Esas son mis peores pesadillas en la vida.
Otro tipo de sueño anti-reposo es el de jugar ajedrez. Yo soy muy mala y odio perder. Siempre he estado en contra de que se le considere un deporte. Hace mucho que no juego y creo que jamás he ganado. Mi papá fue quien nos enseñó a mi hermano y a mí a jugar cuando éramos muy chicos pero, a diferencia de Ro, pensar tres movimientos por anticipado incluyendo tres predicciones de la estrategia del oponente, es más de lo que puedo procesar. En mi sueño jugaba contra Ro, pero las reglas eran muy extrañas, como si el tablero fuera virtual y los movimientos de las piezas fueran controlados por determinados códigos físicos del jugador. Una especie de kinect onírico. En un momento de lucidez dentro del sueño me di cuenta de que daba vueltas en la cama cada vez que quería mover una pieza.
Está también el sueño de la aspiradora a las 11 de la noche. Ése claramente fue una acusación de mi inconsciente acerca del desastre que se estaba volviendo el Depa en ese tiempo. Una vez Ro me dijo "¡qué horrible debe ser ser tú y vivir conmigo!". Obviamente lo dijo en son de broma pero resulta una realidad muy frustrante ser la única persona que se encarga de recoger y limpiar en una casa donde vive un experto en ensuciar y hacer tiradero. Conde dijo que "desperdicio el inconsciente" pero para mi es claro que mi inconsciente es más poderoso que yo, que considera que desperdicio valiosas horas de trabajo, y además sabe atormentarme con culpa.
No olvidemos el de la vez que los MismaNotienses íbamos a morir de sed. Fue del día que bolsearon a Anny y a Josué. Hacía un sol abrasador hasta que veíamos la reverberación anaranjada a lo lejos. Podía vernos a todos brillantes de sudor salado, arrastrándonos desesperadamente, sin fuerzas ya para ponernos de pie, con los labios resecos y agrietados. Llovía pan, galletas, chocolates, pero no había nada de agua. Fue tan inquietante que me despertó y luego no pude dormir como en cuatro horas.
Luego preguntan por qué no descanso cuando duermo. Me pregunto si hoy tocará soñar o descansar.
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