lunes, 25 de junio de 2012

Migrar a tierras altas

Este sueño fue más largo, pero solamente recuerdo el fragmento que relato a continuación, en especial la frase de la que extraje el título.
Llovía a cántaros en Bosques del Lago y bajaba un río por Viena 2. Papá, Ro y yo veíamos una película en la cama de papás mientras mamá roncaba en el puff. Como era de suponer, se fue la luz y, como vimos que la tormenta arreciaba y no daba señales de terminar, papá decidió salir a meter la camioneta. Todavía había bastante luz de día, calculo que serían alrededor de las 4 pm. Ro y yo estábamos arrebujados en la cama, pero como papá tardaba más de lo esperado, decidí bajar a ver qué pasaba. Iba a media escalera cuando vi que por debajo de la puerta de la sala empezó a meterse el agua. Era inverosímil, puesto que estamos a media colina, y aunque a veces la calle se inunda mucho, nunca consideré ni remotamente posible que el agua subiera ocho escalones hasta el porche. La única posibilidad es que el lago hubiera crecido tanto que ya nos hubiera alcanzado, y al parecer eso fue lo que pasó, porque el agua no cesaba de subir y ya iba por medio vidrio cuando papá llegó a la puerta con la camisa negra de rayas moradas pegada a la piel, el cabello apelmazado y las botas vaqueras cubiertas de un lodo viscoso. Cuando abrió dejó entrar un torrente que subía a velocidad de vértigo y lo vi correr a las escaleras al tiempo que Ro se asomaba por la puerta de arriba, vestido con su piyama térmica blanca y botas-pantuflas de lana verde y blanca. Yo volteé a ver su cara de asombro y le dije con más calma de la que sentía: 'Ro, parece que ha llegado el momento de migrar a tierras altas'. Él corrió a despertar a mamá mientras yo ayudaba a papá a subir las escaleras corriendo sin resbalarse. Lo siguiente que recuerdo es que estábamos los cinco (también Jade) en el techo del salón, aferrados a un bote inflable como para hacer rafting, viendo cómo lo último de la planta alta de nuestra casa desaparecía bajo el agua y tratando de dilucidar entre todos cuál sería el mejor momento para agarrar la ola si queríamos aterrizar en el techo de la casa naranja de tres pisos que está atrás de nuestro terreno, en una posición mucho más favorable, casi en la cima de nuestra colina. Yo me preguntaba a mí misma si nuestro vecino dueño de esa casa, al que no conocíamos, sería muy gruñón y podría molestarse de que invadiéramos su propiedad tan agresivamente.

En el metro

En este sueño tan loco había una tormenta tras otra. En casa había conmoción porque Jimena y Ro habían tenido un bebé. Jimena estaba en depresión postparto y Ro hablaba con ella en privado en el estacionamiento, sentados en el interior de la camioneta. Mientras, mamá y yo nos fuimos al metro. Teníamos que hacer unos equipos de performance representativos de algunas estaciones del metro. Incluían danza, teatro y música. Yo estaba en el equipo de Chabacano. Llovía intensamente y todo estaba inundado. Cuando planeamos nuestro performance decidimos que incluiría danza tribal africana, vimos vídeos de lo que habían hecho los equipos representativos antes pero este año éramos menos. En mi equipo estaba Ángel, uno de los chicos de la generación de Ro con el que no me he hablado nunca, pero en mi sueño era mi amigo y persona de confianza. Una maestra que no recuerdo su cara, trato de indicarme como hacer un efecto con los brazos, pero mientras me tenía agarrada, yo di un paso de más y nos caímos las dos de la plataforma a un torrente de agua. Mi primera preocupación es que ella no supiera nadar, pero en cuanto vi que sí sabia, perseguí el tubo de crema de Yves Rocher que tenía en la mano al caer, que iba flotando en dirección a la corriente y seguí nadando en esa dirección hasta poder salir del agua. Todos los brazos que me sujetaban pretendiendiendo ayudarme hicieron más difícil esa tarea, pero finalmente llegué a la rampa de piedras negras que me devolvió a la plataforma. Luego nos fuimos a ver al equipo representativo de Mixcoac. Andresito de LMN estaba en ese equipo. Estaba emocionadísimo de ser el que nos iba a demostrar el avance de su equipo. Habían usado danza tahitiana para darle punch. Vimos el avance con Andrés y tres chicas en falda de paja. Allí me encontré a Amarillo que era el jefe de otro equipo. Ya ven que nunca falta el intensito, no quería en su show nada de danza, solo teatro. Y ponderaba las posibilidades de hacerlo intimista o dieciochesco... aburrido en fin.
Lo siguiente que recuerdo es que papá, mamá, Ángel, Amarillo y yo estábamos en el inicio del andén de Mixcoac, que en mi sueño no se parecía mucho al auténtico andén de Mixcoac, esperando a que el tren llegara unos llevara a nuestras estaciones correspondientes. Venía el tren de la otra dirección, muy lento porque estaba lloviendo, subiendo por una cuesta empinada que era visible desde donde nosotros estábamos parados. Papá en ese momento me estaba preguntando cómo íbamos en el montaje del performance de mi equipo, pero en eso el tren, que se había parado por completo antes de terminar de entrar en el andén, dio un acelerón demasiado impetuoso para el lugar y se descarriló por la mitad justo al lado de nosotros. Yo dije 'se volteó' y mi papá contestó 'no, se está quemando' y entre dos vagones saltó una chispa que rápidamente se convirtió en llamas y todos comenzaron a gritar y entrar en pánico. Yo pensé en que por una vez iba a saber lo que se siente estar en el momento y el lugar que aparecerían en los titulares al día siguiente. Mientras nos alejábamos a paso lento del incendio, escuché vagamente que mi papá seguía presionando sobre que acabáramos el performance y el compromiso que habíamos adquirido, blablabla... yo solo podía pensar en lo absurdo que era hablar de esas cosas en una situación así. Mi papá es muy raro. Entonces explotó la salida del andén y se inició un derrumbe con deslave incluido que nos hizo por fin empezar a correr y saltar por una cortina de fuego y una cascada subterránea. Tras algunos momentos en pasadizos lodosos y amplios llenos de gente apanicada, llegamos a la superficie. Mamá sudaba como suele hacerlo, pero llevaba su videocámara en la mano y lo había capturado todo.
En cuanto recuperé el aliento me di cuenta de que estábamos en una zona arqueológica, que rimero creí que podía ser el Templo Mayor o Cuicuilco, pero luego de observar con detenimiento me di cuenta de que no podía ser, era una de esas zonas mayas que visitamos en nuestro viaje al sureste de 2004 en la cual había una estructura metálica de tres niveles con escaleras, toda oxidada que parecía algo entre el mirador de un guardacostas y un soporte de tinaco. El punto es que Mamá estaba en el segundo nivel, filmando hacia las ruinas y Ángel, Amarillo y yo subimos allí a secarnos al sol, que recién había salido en todo su esplendor, a descansar y a disfrutar de la vista. Me senté en el hueco entre las piernas de Ángel y me perdí en la belleza del lugar y el momento mientras contemplaba en primer plano a Amarillo, brillando a la luz del sol como si fuera de oro, que seguía decidiendo qué estilo usar para su aburrido performance, y de fondo el verde esmeralda del pasto y la vasta selva que nos rodeaba llena de misterios naturales y humanos. Entonces Ángel comentó algo gracioso y los tres reímos. Eso es lo último que recuerdo.