miércoles, 11 de abril de 2012

Como pudo haber pasado

Estaba en la única habitación de un motel en la que recuerdo haber estado en mi vida, con la única persona que me ha llevado a un lugar así para usarlo como se debe. Empezamos a besarnos en la cama, a girar y acariciarnos. Las luces estaban apagadas y las cortinas cerradas, pero había bastante claridad en el interior, todo en sepia. Los besos y las caricias eran salvajes, impregnados de violencia. Las dimensiones del lugar estaban trastocadas y mi perspectiva cambiaba constantemente, como si estuviera viendo una película.
Cuando comencé a desabotonarle la camisa a rayas negras y moradas, él se separó de mí y se cubrió rápidamente con una enorme maleta negra de carrito. Yo me asomé sobre el objeto "¿Te escondes?" y él contestó "Sí. No quiero que me veas" Entonces yo me incorporé, me alejé un paso de la cama y de un sólo movimiento me quedé desnuda. Abrí los brazos y alcé la frente "Pues aquí estoy yo, mírame"
Él se quedó unos segundos tendido debajo de su ridícula maleta mirándome embobado, pero en cuanto se sentó y extendió la mano con intención de tocarme yo corrí lejos de su alcance, y me recliné sobre una especie de diván de felpa. Preguntó "¿Qué haces?" y yo respondí "Huyo. ¡Alcánzame!" Y eché a correr por todo el lugar, en cueros y riendo, mientras la luz se volvía cada vez más mortecina y azulada, indicando la caída de la noche. Él me perseguía, desvistiéndose en el proceso, siguiéndome el juego de ninfa del bosque.
Cuando por fin me atrapó los dos jadeábamos sudorosos. Me tiró en la cama, cubriéndome con su cuerpo envuelto en una toalla y me besó largamente. Mientras lo besaba percibí el sabor a pasta dental en su boca y recordé que yo no me había lavado los dientes. Me atacó la necesidad compulsiva de ir al lavabo. Lo empujé, tirando sobre él la toalla y caminé hacia el baño sin mirar atrás.
La luz del espejo se prendió automáticamente al llegar yo y me miré, desnuda, sudorosa, maquillada, sin joyas, absolutamente sensual. No sé de dónde obtuve cepillo y pasta y me lavé la boca a conciencia. Incluso usé enjuague bucal. Volví a la cama gateando sinuosamente sobre una mullida alfombra, me tendí sobre él y lo volví a besar, derramando mi cabello sobre su cara y pecho. "Mmmh... dentífrico" me susurró entre besos y finalmente aparté la toalla y nuestros cuerpos se juntaron. Allí acabó el sueño.

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