viernes, 25 de mayo de 2012
La mariposa negra
Creo que esta será una entrada corta. En realidad no fue largo mi sueño. Estaba en casa de mis papás, en mi cama con demasiadas cobijas, leyendo el ladrillote de más de seiscientas páginas que es el último libro de la saga Crepúsculo. Uso una lampara de noche para que las personas que pasan fuera de mi cuarto no vean luz. El miedo empezó cuando oí golpecitos leves en el techo y la puerta del clóset. Prendí la luz con mucho miedo a mirar hacia la dirección del ruido, pero al sonar el golpe sobre mi cabeza me levanté como empujada por un resorte. No había nada a la vista, pero me quedé un rato mirando y escuchando con atención sin atreverme a moverme más. Me vi reflejada en el espejo, me sobé los brazos adoloridos y volví a apagar la luz y leer. Minutos después volví a oír los ruidos y ahora sí vi como dos mariposas negras volaban sobre mi cabeza. Me quedé sin aire por unos momentos, mi impulso fue el de cerrar la boca y tapar mi pierna que se quedo afuera de las cobijas, desnuda. El temblor, el salto y el grito que sofoqué me indicaron que estos bichos me provocan una reacción peor que las arañas. Cuando prendí la luz se escondieron de inmediato, y no fue sino hasta la mañana siguiente que hallé en el interior de un zapato el cadáver de una de esas polillas. Grité de tal modo que desperté.
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